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Génesis

En el principio Dios creó al universo y, desde ese momento, todo fue sucediéndose en una suerte de acciones y reacciones que a la ciencia no le costará explicar alguna vez. El tiempo y las consecuencias fabricaron estrellas y planetas, montañas y mares, rocas y desiertos y todo lo inerte que habita el cosmos.
Por alguna razón inalcanzable a la conciencia humana, lo inerte se transformó en vida y así comenzó el segundo día.
Ilustración by Rotraut Susanne Berner
Cada planta que hay sobre la tierra, cada pez en las profundidades, cada ave surcando los cielos, todo, fue producto de los errores del cosmos.
Ya próximos al sexto día, un mono se paró en dos patas y se preguntó por qué. Dios le acababa de entregar al hombre la conciencia. Esa misma tarde, el hombre creó a Dios a su imagen y semejanza, y lo puso en todos los lugares en donde no encontró respuestas.
El sexto día, Dios le cedió al hombre su propio deseo, motor de la creación; pero al ver qué irrefrenable se haría el hombre así armado, colgó de su corazón el germen de la culpa.
Y pasaron los segundos, los minutos y las horas. Y al séptimo día, al fin, descansó.

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