BreVajes de Zaiper, para tomar en caliente

Cucas

Veo cucarachas. Con el rabillo del ojo las veo. Pero cuando me doy vuelta ya no están. Las busco en el piso, debajo del escritorio, detrás de la tele. Se esconden. Las muy hijas de puta se esconden.
Aparecen cuando quieren y en cualquier lugar. Esperan a que esté solo y mirando para otro lado. Acaba de bajar una por el costado del monitor mientras estoy escribiendo esto. Ya no está. Ni detrás de la computadora ni en ningún lado.
Son muchas. Se que son muchas y que se comen todo lo que se me cae. Viven de mis caídas y de mis distracciones. Y se aprovechan de mis descuidos.
Lo primero que se comieron fue una bolita de vidrio cuando yo tenía seis años. Después se comieron la escopeta de un PlayMovil. Más de grande, las cucarachas me han desaparecido monedas, fotos y tarjetas de invitación. Se comieron números de teléfono; succionaron la tinta de oraciones enteras.
No hacen ruido cuando comen. Sólo se muestran un poquito para que yo sepa que están. Y me miran. Sé que me miran y que hablan de mí entre ellas.
Los otros días vi algo mucho más grande. Tal vez era una rata o un gato o un vecino. Quizá las cucarachas están creciendo.

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