BreVajes de Zaiper, para tomar en caliente

La paradoja de Zaiper y la tortuga

consultar en google
"Aquiles y la Tortuga"
o
"la paradoja de Zenón"

El Zaiper se levanta al mediodía y el día ya le quedó cortado a la mitad. Para transitar lo que le resta, debe hacer todo lo que le quedó pendiente por haberse levantado a esas horas. La pregunta es por qué se levantó a esas horas y por qué le quedaron tantas cosas pendientes. Resulta que el Zaiper trabaja de lo que más le gusta. No tiene jefes. No tiene horarios estrictos. El problema es que no tiene horarios. Ni estrictos. Entonces se levanta a la hora en que se despierta. Ni un minuto antes. Aunque haya puesto el despertador a las nueve y media de la mañana. Para qué. Si no hay nada que no pueda hacer más tarde. No tiene horarios estrictos el Zaiper. Así que se desayuna a eso de la una de la tarde y ya que está (para ganar tiempo), almuerza.
A las dos de la tarde termina con este ritual y se siente bastante pipón. Una ligera modorra lo adormece. Para no quedarse dormido pone la tele. Están los programas de chimentos. Así es que el Zaiper conoce todo lo que le pasa a las grandes vedetongas y a los futbolistas y a los bailanteros. Un poco de cultura general.

Entonces, a las tres de la tarde, se sienta en la computadora para escribir, pero por las dudas, antes, lee los mails para ver si hay algo importante para hacer. Siempre hay algo importante. Y no va a dejar los mails sin contestar porque no conviene que se acumulen. Después no va a haber tiempo para contestarlos a todos. Además, las urgencias tienen fecha de caducidad.
Y uno de los trabajos (sin horario) del Zaiper, es por internet. Esos mails hay que leerlos sí o sí, y resolverlos cuanto antes: es el trabajo.
En el ínterin siempre van a entrar más mails (que habrá que leer y contestar) o llamados de teléfono (que habrá que contestar) o mensajes al celular (que habrá que contestar) y el Zaiper se pregunta para qué dejó su trabajo nueve a dieciocho.

A las diecisiete ya es lo suficientemente tarde y aún tiene que preparar la clase que dará a la noche. Pero siempre hay tiempo para leer un último mail. Revisar un último trabajo. Así el Zaiper llega tarde a su clase. El Zaiper llega tarde a todos lados. Llegó tarde hasta a su nacimiento. Su madre dice que nació como quince días más tarde de lo previsto. Que estaba muy cómodo durmiendo en el líquido amniótico. Y cuando nació ejecutó su primer acto de reveldía: meó a todos los doctores en la cara.

El Zaiper sale volando o en taxi y llega al recinto sancto donde se encontrará con sus alumnos. Las dos o tres horas de clase se le pasarán volando y él saldrá con una enorme sensación de amplitud. Los logros de sus alumnos son las pilas que lo incentivan a seguir en esto. La otra pila son sus creaciones. Y de hecho tiene varias ideas revoloteando en su cabezota. Pero para eso ya habrá tiempo.

Cuando regresa de la clase se encuentra con un montón de nuevos mensajes que se suman a los que quedaron pendientes. Y hay que cenar también. Y un equivocado o una promoción van a llamar a las doce en punto y el Zaiper lo mandará a la mierda con el tubo del teléfono estrellándose contra el aparato. Mañana habrá que comprar otro. Si queda tiempo. Así es que tiene pegado con cinta hace dos años el teléfono. Y tiene la computadora con las tapas de los costados abiertas para que no se recaliente. Hay muchas cosas más urgentes que hacer antes. Además, aún no pudo sentarse a escribir, y eso que ideas no le faltan…

Cuando trabajaba de nueve a dieciocho se las ingeniaba para tener un puchito de tiempo en los costados del tiempo. Un cachito antes de ir a trabajar. Un cachito después de la cena. En el colectivo. En el baño. En la ducha. Y siempre puteaba porque le faltaba tiempo.
Ahora tiempo no le falta. Lo que le hace falta es un milico que le toque la diana para despertarse. Que lo saque a patadas en el culo de la cama. Un milico que le toque la diana para irse a dormir temprano y así, levantarse con buena cara, con luz de día, a las nueve, a las ocho. Las pocas veces que hizo eso el día le pareció enormemente largo.
El tiempo es una magnitud muy elástica. El tiempo es tirano del tiempo. Siempre se le puede ganar un segundo a cada minuto, un minuto a los sesenta segundos robados, una hora cada sesenta, cada tresmilseiscientos. El tiempo es una magnitud perversa y elástica. Ver el paso del tiempo es una tarea intolerable. Mirar como la aguja más gorda se mueve tan lento que no se mueve. Y la de los minutos se clava sesenta veces en los palitos. Y la aguja más finita se inyecta sesenta veces en la circunferencia del reloj. ¿Cómo verá el segundero al paso del tiempo? ¿Cómo verá al ojo que lo mira? Trescientos sesenta grados. Tres mil seiscientos segundos. Una hora ganada cada dos días y medio. Casi tres horas por semana. Medio día por mes. Seis días al año. Trescientos sesenta días ocupados por el tiempo y seis días libres. Y el Zaiper se anda por estas cavilaciones metafísicas y piensa que milico tal vez suene un poco fuerte. Él necesita organizarse. Nada más que eso. Fijar prioridades. Necesita una secretaria. Eso. Que no le toque la diana pero que se llame Diana y que lo toque.
Mañana mismo se va a poner en campaña para conseguirla. Ahora los deja porque tiene otras cosas mucho más importantes para hacer. Continuará.

15 comentarios:

Publicar un comentario