BreVajes de Zaiper, para tomar en caliente

Señoritos bien

La lluvia era tibia. Esto ocurrió a las cuatro y diez. Pero no hacía calor. De hecho, el suelo estaba bien suave. Crecían unas plantitas de aroma amigable y potente.
A las cuatro y veinte comenzaron a caer pequeñas piedritas de porcelana. Nos dimos cuenta un rato después. Las recibimos con las manos en cuenco y dejamos que se peguen en forma de tacitas.
A las cinco menos cuarto, la lluvia había alcanzado la temperatura justa. Nos estiramos como bueyes. Le pedimos a nuestros mayordomos que cosechen las flores, las acomodamos delicadamente en las tacitas y llamamos a nuestras esposas.
A las cinco en punto, como corresponde, nos invitamos a tomar el té.

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