BreVajes de Zaiper, para tomar en caliente

Tabaco masticado

Nacemos en una lata de tabaco, de la que un vaquero viejo toma un puñado y se lo pone a mascar, mientras se hamaca en una mecedora de acento texano. Tritura el mazacote en su desdentada boca de aliento a alambique, hasta que no le sirve más; entonces lo escupe lejos y agarra otro tanto para seguir mascando.
Libre ya de las mandíbulas prensadoras, la masa cae en tierra; pero exprimida hasta su última gota, ya no sirve ni para abono.

De cualquier manera, al vaquero le quedan apenas dos o tres muelas podridas y cuatro dientes. Se está muriendo solo. Él tampoco sirve como abono; por las dudas que nadie lo plante: no sea cuestión de que la mala fortuna nos germine otro igual.

¡Qué vivan las caries y el gusano del tabaco!

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