BreVajes de Zaiper, para tomar en caliente

La identidad de los demonios

Entonces un día Benjamín se murió. Pero antes de cruzar el umbral de las puertas del cielo (o del infierno, que más da) se paró ante el responsable del área y reclamó:

- Viví mis últimos años padeciendo las más atroces calamidades; soportando hasta el hartazgo el dolor de mil angustias en mi estómago. Sin embrago, lo que más me indigna, no fue el sufrimiento en sí, ni el sentirme tan forzado a tomar la decisión de quitarme la vida. No; mi reclamo es porque te pedí ayuda tantas veces... Te recé todas las noches para que castigues con tu mayor dureza al gestor de mis desdichas; al que, sin saber yo por qué, con su odio me maldijo hasta el silencio. Te imploré que le des muerte, o que al menos me muestres su rostro, y me des la fuerza para desangrarlo con mis manos .

Hubo después un silencio corto pero eterno:
- Todo lo que me has pedido hice – respondió la voz del otro lado, y no dijo más.
(06/06/2007)

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