BreVajes de Zaiper, para tomar en caliente

Mugre

Hacía muchos meses que no limpiaba los pisos de mi casa; pero al entrar a mi cuarto y ver las bolas de pelusa bajo mi cama, me pregunté cuál sería el sentido de limpiarlo si habré de hallarlo sucio en breve. Luego vi mi cama deshecha y entendí que tampoco había motivo para armarla, porque esta misma noche las sábanas se enredarán en el sudor de mis pesadillas. Tampoco tendrá sentido despertarse, si el cansancio de la actividad nos llevará de nuevo al sueño; ni bañarnos, para que la mugre de la vida se adhiera nuevamente a nuestra piel. Para qué plantar un árbol, si no existe chance de que alguna vez no muera; o respirar, sufrir, cuidar mi vida, si el final inevitablemente será el mismo.
Así, me quede contemplando la suciedad, con la escoba en una de mis manos, y en la otra la botella abierta del limpiador desinfectante… y dudé.
En mi mesita de noche vi una copa vacía, y pensé en que si habría de morir será brindando. Brindando por qué, me pregunté mientras llenaba la copa con el líquido limpiador. Entre las burbujas de espuma cuestioné el absurdo de la industria química, que desperdicia su tiempo en fabricar desinfectantes… para matar bichos que igual van a morirse. Pensé también que quizá los bichos viven, por el infinito placer que les produce enfrentar a los fabricantes de veneno.

Entonces, con un ojo pleno de preguntas, observé cuánto aún me faltaba por limpiar, y decidí empezar a hacerlo cuanto antes.

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