BreVajes de Zaiper, para tomar en caliente

Nif

Rip se murió. Fue así, de repente. Aunque nada ocurre así porque sí, ni de repente. Rip se terminó en un instante. No agonizó. Casi no tuvo velorio. Pero hubo, sin embargo, un largo preámbulo a su muerte.
Para el sentido común, la muerte está relacionada con el fin: cuando algo muere, se termina; ya no es más; deja de existir. Y esto es definitivo y para siempre. Así, la muerte, pasa a ser el único y verdadero estado eterno. La muerte es como una paradoja de la inmortalidad. Las religiones nos han tratado de convencer de que la muerte está íntimamente relacionada con la vida. Incluso la biología y las demás ciencias nos lo demuestran: del polvo somos y en polvo nos convertiremos y los gusanos nos fermentan y nacen plantas, y las comen los animales, que después se mueren, y el ciclo se repite y las especies se desarrollan y se superan.
Rip, entonces, se venía viviendo desde mucho antes de haber sido engendrados sus padres y sus abuelos y los abuelos de sus abuelos. Rip se murió pero a partir de ese momento se sumó a la larga genealogía de los inmortales.
He aquí la evolución. La muerte es la pata izquierda; la pata derecha, es la vida.

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