BreVajes de Zaiper, para tomar en caliente

A buen entendedor

a causa de Crispín, Sabri, Laris & compani
in the muestra "poesía visual"
de Clarisa Luz


Los problemas de comunicación entre humanos, se ven reflejados en los actos más cotidianos. Por ejemplo:

Situación 1:

Ante la pregunta simple, enviada por mensaje de texto al celular de uno de mis compañeros:
- ¿a donde están?,
la respuesta no se hizo esperar pero fue:
- en quince minutos llegamos.
Imagino que si hubiese preguntado: “¿cuándo llegan?” o “¿cuánto van a tardar?”, me podrían haber respondido: “diez pesos” o “un kilo y medio” o “las prefiero de color azul”.

De todas maneras insistí:
- pero… ¡no se a dónde ir!
La respuesta ahora sí fue más previsible:
- no te preocupes; llegamos en cinco.

Situación 2:
Un saludo muy típico es:
- Hola, ¿cómo te va?
La respuesta estándar suele ser:
- bien ¿y vos?
pero es tan automática que aunque digas: “se me murió el hamster”, “renuncio”, “me compré la heladera” o “me voy a Hong Kong”, el diálogo continuará:
- yo también, gracias.

Situación 3:
A mi no me gusta la mayonesa (y qué: conocí alguien a quién ¡no le gusta el chocolate!), por eso siempre que voy a comprar un sandwich a un kiosco pregunto:

- ¿Tiene mayonesa?, y esto lo hago señalando claramente al sándwich (porque si quisiera otra cosa, señalaría esa otra cosa, claro).
En general, la respuesta suele ser: “¿Si querés le pongo?” o “Ahí en el mostrador tenés para ponerle” o a veces directamente me encajan un sobrecito.
Recuerdo una vez en que el kiosquero como respuesta, abrió mi sándwich, le embadurnó medio kilo de mayonesa, y ante mi mirada atónita me recordó: “Vos me preguntaste si tenía mayonesa”.

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