BreVajes de Zaiper, para tomar en caliente

Sin otro particular

Entrar a tu casa después de un arduo día de trabajo y encontrarte sentado muy cómodo en el sillón viendo la tele, es algo extraño. Lo es, principalmente, porque te acostaste a media noche, y el despertador sonó demasiado temprano y fuerte, y saliste apurado, con una tostada aún sin bajar de la garganta. Es extraño y molesto porque viajaste con la espalda pegoteada al saco y los zapatos pisoteados y luego, estuviste nueve horas y media de si señor no señor pues entonces quién lo tiene, y reuniones y papeles y muchas tazas oscuras de café. Y porque regresaste después de caminar ocho cuadras esquivando peatones, y nada de esto fue suficiente para desprenderte del humo, de los tacos, de los maletines y las murmuraciones.

Entonces, llegar a tu casa y tocar el timbre y que nadie te abra la puerta es algo molesto y angustiante. Y cuando al fin encontrás las llaves y abrís la puerta y te ves sentado, inmutable, con la tele encendida y el control remoto en la mano, te convencés de que algo está realmente mal. Es irritante, molesto, angustiante y definitivamente absurdo, porque el departamento no es tan grande, y no te hubiese costado nada levantar el culo del sillón para no dejarte tanto tiempo esperando debajo de la lluvia.

Por eso, la próxima vez, no vas a mostrar interés alguno por lo que estés haciendo. Te dejarás ahí, sentado en el sillón frente a la tele. Tirarás la llave por el inodoro, abrirás la puerta sin dar explicaciones y, sin siquiera saludarte, cerrarás con un portazo y jurarás abandonarte para siempre.

8 comentarios:

Publicar un comentario