En esta blog se publican obras del artista argentino Sebastián Zaiper Barrasa. Cuentos, microrrelatos, poemas, reflexiones, videos, shows de poesía, narración oral y clown.

El arte de la guerra

A Vane G, la maga, que me enseña algunas de estas cosas casi sin querer.

Estrategia 1
Enfrentar al oponente. Poner firmes los puños. Pegar más fuerte.

Estrategia 2
Conseguir un arma. Apuntar a la cabeza.

Estrategia 3
Dejar que el oponente te pegue.

Complemento de la estrategia 3
Una vez que se canse, levantarse y partirle la cara.

Estrategia 4
Eliminar al oponente antes de que se sepa que será tu oponente.

Estrategia 5
Hablar con el oponente. Dialogar. Intentar el acuerdo.

Enmienda a la estrategia 5
La estrategia 5 no existe.

Estrategia 34
Reconocer las siguientes verdades:

Verdad 1
Los oponentes se atraen.

Estrategia 35 teniendo en cuenta la verdad 1 de la estrategia 4
Atraer al oponente.

Verdad 2
Visto desde un lado de la línea, el del otro lado es siempre el oponente.

Verdad 3
Los iguales se rechazan.

Estrategia 36 teniendo en cuenta tantas cosas
Igualarte al oponente.

Variante a la Estrategia 36
Desigualarte al oponente.

Verdad 4
Los onanistas no tienen oponentes.

Verdad 5
Si no tenés oponentes algo te falta.

Verdad 6
Si no sos oponente de nadie, algo le falta a alguien.

Mentira verdadera
Ser oponente es una virtud.


Estrategia 90
No hacer nada. Hacer implica riesgos
y oponentes.

Estrategia 99
Reconocer que el oponente no existe.

Anexo a la estrategia 99
Asumir que vos sos un oponente.


Anexo al anexo de la estrategia 99
Incluso asumir que vos sos TU propio oponente.


Verdades asociadas a la estrategia 99 y sus anexos:

Verdad 1
Amigarse con tu oponente es estrategia.

Verdad 2
Amigarse con vos es paz.

Superioridades

no se trata de que las mayorías respeten a las minorías
se trata de comprender que sólo somos un enorme conjunto de minorías

Ruleta

Un día, Eric Von Rinkerlanger supo que podía perderlo todo. Después de tantos años de ser un tipo con suerte. Después de haber sido el mejor de su clase. De haber ganado todos los juegos en los que participaba. Y de haber sido tan exitoso con las chicas y de haber obtenido su título de ingeniero en tiempo record. Después de haber conseguido tan rápidamente ese puesto en una empresa constructora. Empresa, que al poco tiempo de contratarlo quintuplicó su capital. Y él, Eric Von Rinkerlanger obtuvo una clarísima mejora en sus ingresos que derivaron en su primer auto y su primer departamento de soltero.
Así, antes de cumplir los treinta, Eric Von Rinkerlanger, tenía todo lo que un muchacho de su edad podría desear. Sólo le faltaba conocer a una mujer de quien enamorarse. Y la conoció. Era una mujer muy hermosa, dulce e inteligente. Se casaron. Y como él seguía creciendo en la empresa, pudo vender el departamento y comprar una casa más grande para cuando vinieran los hijos. Luego cambiaron el auto y se compraron una casa de veraneo cerca del mar.
Fue ahí, en la casa de la playa, donde Eric Von Rinkerlanger sintió por primera vez que no estaba completo. Era una sensación muy profunda. Al principio pensó que se trataba de una falta material, así que se propuso hacer un inventario de las cosas que tenía y de las que deseaba tener. Y sacó tres conclusiones: a) que tenía casi todo lo deseaba; b) que lo que le podría estar faltando no le sería difícil de conseguir; y c) que a pesar de eso, su angustia de estar incompleto persistía. Pensó que podría ser algo afectivo, pero en ese campo también lo había logrado todo. Y no había problemas de salud ni nada raro. Entonces, luego de consultar con varios especialistas sin encontrar más que felicitaciones por sus éxitos, comprendió: él, Eric Von Rinkerlanger, el hijo pródigo, el marido ejemplar, el empresario exitoso, jamás, en sus casi cuarenta años, había tenido un fracaso. Eric Von Rinkerlanger, no conocía el sabor de la derrota. No sabía que cosa era perder. Y por eso no estaba completo, y no lo estaría hasta no perder algo al menos una vez. Había comprendido también que, como para equilibrar esa vida tan plagada de éxitos, tenía que lograr un fracaso fenomenal. No era cuestión de subir a un colectivo y dejar que le roben la billetera. Necesitaba sentir que podría perderlo todo. Y eso hizo.
El 14 de marzo de ese mismo año, consiguió la dirección de un casino clandestino en donde se podía apostar sin límites. Puso en juego la mitad de su cuenta bancaria, el auto y la casa de la ciudad. Apostó todo al número veintiséis.
Fue en ese instante, mientras giraba la pelotita en la ruleta, cuando Eric descubrió otra terrible verdad: fuera cual fuere el resultado, se volvería a demostrar que él era un tipo exitoso. Porque incluso si la pelotita se detenía en cualquier otro de los treinta y cinco números restantes, lograría su objetivo de perder. Pero entonces sonrió, porque por primera vez había logrado confundir al destino; porque ese éxito sería a la vez el fracaso de la búsqueda del fracaso, y no le dio demasiadas vueltas más al asunto, porque la ruleta había dejado de girar.

Nadie sabe si la pelotita se detuvo en el número veintiséis. Lo único que se supo es que Eric, esa misma semana, se mudo a la casa de la playa, en donde vive con su esposa, sus hijos, un perrito y dos gatos. Si lo pasan a visitar, aún se lo puede ver cosechando su huerta. Dicen que le da las verduras más grandes de la zona.

Queremos tanto tanto a Julio



de arriba abajo o bien de abajo arriba
este camino lleva hacia sí mismo
simulacro de cima ante el abismo
árbol que se levanta o se derriba

quien en la alterna imagen lo conciba
será el poeta de este paroxismo
en un amanecer de cataclismo
náufrago que a la arena al fin arriba

vanamente eludiendo su reflejo
antagonista de la simetría
para llegar hasta el dorado gajo

visionario amarrándose a un espejo
obstinado hacedor de la poesía
de abajo arriba o bien de arriba abajo

Zipper sonet
de "Un tal Lucas"
Julio Cortazar

Pandemia

Comienza como una pequeña protuberancia en la piel. Tiene preferencia por los brazos y las piernas aunque puede aparecer también en el pecho o las axilas. Madura en forma de burbuja. Al explotar queda visible una pequeña perla roja. Se la debe extraer con mucho cuidado intentando no contaminarla con los dedos. Si se la coloca en una maceta, es preferible que sea con arena. Al tiempo aparecerá un brotecito. No es bueno regarla mucho; se alimenta del sudor concentrado en el ambiente.
Con un cuidado aceptable, el brote crecerá como una hermosísima planta de tallo aterciopelado y hojas largas en forma de ramillete. El sol ayudará a que en el centro del ramillete se forme una flor, cuyo color recuerda a la perla, pero también a la llaga. No pasará mucho tiempo hasta que la flor se seque y pierda sus pétalos. Hay quienes los usan como infusión. Pero no es ese el uso primario de esta especie. Tampoco se comen los frutos, a pesar de su olor mentolado con dejos de frutilla y aguardiente; a pesar de su textura de nuez y su consistencia gelatinosa como la de un ojo. Lo que se comen son las raíces. Y no el tubérculo blanquecino que se sumerge en la arena. Los pelos de la raíz es lo que se come y se recomienda peinarlos con un peine fino previamente. Luego hay que extraerlos de cuajo para lo cual se puede usar una pinza de depilar o un cuchillo bien afilado.
Se sirven en un plato playo, y se aderezan a gusto. Se los puede acompañar con vino dulce y una salsa de frutas de estación.

El paciente estará debidamente contaminado luego de una semana de ingestiones. Esta quinta etapa del proceso evolutivo es una de las más contagiosas. Se propaga a través de la saliva, las sillas y las antenas de radio. La etapa siguiente se desarrolla en la nariz o en el ombligo (indistintamente). Y luego hay otra etapa que se esparce por las junturas de los azulejos.

No se conocen aún la cantidad exacta de mutaciones, ni el origen, ni los efectos colaterales.

Velorios


No todos los geranios son suaves al gusto: algunos además piensan en la muerte, o incluso en ir al mar o enamorarse. Algunos geranios son crueles; otros, lagrimean. Pero las lágrimas de los geranios poco pueden creer en un Dios que no conocen, o en las rosas de la china o en la china misma.
Las lágrimas de los geranios ni siquiera son capaces de creer en los geranios; y esto un poco es porque son ateas, y otro poco, porque los geranios no lloran.

ToDo

Esta semana voy a comprar una campera y un par nuevo de zapatillas porque estas ya me duelen los pies. Y voy a comer más verduras, eliminar los hidratos y los dulces, anotarme en el gimnasio, ir al gimnasio, ordenar mis horarios, arreglar el reloj, lustrar los zapatos, renunciar al trabajo, buscar un trabajo nuevo, aflojarme la corbata, ajustarme los cordones, salir a correr, cinco vueltas alrededor del parque, regar las plantas, acostarme antes de media noche, y llevarme a la cama a Cortazar, a Girondo o a algún/a poeta desconocido/a que se me impregne en la piel, y voy a despertarme temprano y a desayunar con yogurt, voy a escribir al menos un cuento, cuatro poemas, dos capítulos más de mi novela, vender la casa, buscar una casa nueva, plantar un árbol, encontrar novia, llamarte para que lo sepas, visitar a Edgard, avisarle a Juan, ir al dentista porque me duele una muela, pedir turno con la nutricionista, pedir turno con el gastroenterólogo, pedir turno con el clínico por las dudas, hacer las compras del mes, llenar la heladera, lavar la ropa, limpiar los vidrios, el horno, barrer debajo de la cama, cambiar todos los cueritos que gotean, arreglar el calefón, arreglar un horario con el plomero para que arregle el calefón, ver una obra de teatro excelentísima con vos, cenar con vos, organizar las vacaciones con o sin vos, viajar a todos los lugares que pueda, tomar los cursos y talleres que pueda, visitar los museos que pueda, y anotar todo esto en una lista, bien detallada y en orden, leer la lista, mirarla fijo para que no me queden dudas, entonces, una vez que la haya revisado minuciosamente, podré romperla en pedacitos, bien chiquitos, triturados casi polvo, y saldré al balcón y dejaré que se los lleve el viento, para seguir siendo el que soy, hasta la semana que viene.

Cosas de mujeres

La chica acaba de discutir conmigo y se ha trasladado a tomar un café, sola, en otra de las salas del local.

Estábamos en un bar hablando tranquilos y no sé que dije, para que ella se levante intempestivamente y sin dar ninguna explicación se vaya.
Ella ya estaba en el bar cuando yo llegué. Fue apenas unos minutos después. Tal vez más. No sé cuándo llegó ella. No se lo pregunté. Tal vez fue eso lo que le molestó. Y por eso se levantó sin siquiera resoplar o golpear con las palmas abiertas la mesa. Caminó como una gacela hacia la otra sala. Es extraño que sea una puerta tan pequeña la que divida las dos salas. Una puerta como de habitación. Es que probablemente este bar haya sido un viejo caserón de principios del siglo veinte, y los nuevos propietarios prefirieron no deformar su arquitectura. Pero no es posible que ella se haya enojado por mi llegada tarde. No habíamos prefijado un horario. Yo llegué a la hora correcta. Ella llegó a la hora correcta. Nos encontramos a la hora correcta. Tal vez no. Tal vez el problema fue que no hayamos coincidido en nuestras horas correctas. Tal vez lo correcto no sea lo deseado. O quizá ella se fue por otro motivo. Por algo que dije. Pero yo sólo le dije hola, cómo estás. Halagué su vestido. Le pregunté cosas banales. Las cosas que uno pregunta en estos casos como para generar un tema de conversación, qué sé yo, el clima, el trabajo, el estudio. Tal vez fue eso lo que le molestó: ella no parece ser una chica banal (o no estudia ni trabaja ni le interesa en lo absoluto el clima, o le molesta la lluvia y no trajo paraguas, pero de todas maneras no está lloviendo ahora) y por eso no hizo ruido al levantarse y caminó como una serpiente hacia la puerta hacia el otro salón. Y por eso entró. Y por eso se sentó y pidió un café. Fue porque no tenía motivos para quedarse. Y esto es lo más jodido: no tener motivos. En cambio si yo me hubiese dejado ser yo... Si me hubiese quedado en silencio, tal vez. Si hubiese generado el vacío suficiente como para que ella comenzase a hablar. Porque también es cierto eso: ella no dijo nada. Nunca. Ni siquiera recuerdo si respondió mi hola. Cómo hace uno para saber si la conversación está yendo por buen rumbo si no hay un interlocutor. Ella no habló pero tampoco hizo nada como para intervenir. Nada para mostrar su incomodidad. Ni siquiera dijo nada cuando se levantó y caminó como una mujer hacia la puerta hacia el otro salón hacia su mesa. Y se sentó tan líquida. Tan segura de si misma. Y ni siquiera abrió la boca para pedir su café. Ni lo hizo cuando de alguna manera le indicó a ese otro hombre que se acercase a su mesa. Que se siente junto a ella. Tan cerca.

Pero él es un tonto. Él no sabe que a ella le molestan estas cosas. Él tendría que haber actuado de otra manera: tendría que haber dicho algo. Porque así en silencio, ella mira su reloj (primera señal), y luego bosteza (segunda señal) y ese es el momento de decir algo, cualquier cosa, el clima, el trabajo porque sino ella va mirar por segunda vez su reloj, va a dejar la tacita sobre la mesa como lo está haciendo ahora, y sin siquiera hacer el gesto de pedir la cuenta, se va a levantar sigilosamente y caminará como una cucaracha hacia la puerta.
Es muy extraño que esa puerta sea como la de una habitación, se pregunta él. Y es macabro que esta casa haya tenido tantas habitaciones.

Mutar (algunas definiciones)

Mutar: Cambiar. Trasladarse de un lugar a otro. Con o sin carga. O llevar sólo la carga y dejar tu cuerpo en cualquier lado. O dejar la carga y moverse libre y desnudo por un cerro verde con arroyo y todo.

Mutar: Moverse en círculos alrededor de un punto. Hacer un giro de trescientos sesenta y cinco grados y llegar al mismo lugar pero un tiempo más tarde.

Mutar: Desnudarse y vestirse de nuevo.
Renovarse y vestirse de nuevo.

Mutar: Pasar del estado larva al estado mariposa.
Transformarse en algo que uno no es. O en algo que uno era pero aún no lo sabía.
Hacer alquimia con un beso.

Mutar: Hablar entre dientes. Murmurar.
Apagar una voz.
Quedarse mudo.

Desborde

estoy lleno
con el líquido encefálico y testicular en el borde
y cuando parece que la marea está bajando
me salpica una nueva gota
una sola es suficiente
para que el vaso rebalse

pero yo soy como una mamushka de vasos

como un dedal dentro de una taza de café dentro de un vaso dentro de una olla de esas chiquitas para preparar el arroz dentro de una olla más grande dentro de un balde de lavar la ropa dentro de la bañera dentro de una casa completamente inundada que descarga en la rejilla en las cloacas en un arroyo entubado que transborda todos tus desperdicios y los míos y los de ella o los de él hacia un río más grande que se embalsa en un dique con dos turbinas enormes que generen la energía suficiente como para encender
una lamparita
así puedo escribir esto
y sentarme a esperar a que me llames